
Max había sido mecánico en un taller de reparación de coches en Argel. Después de casarse, su mujer y él vinieron a Francia, alquilaron un estudio en La Courneuve y Max encontró trabajo de portero de noche en un gran hotel del distrito uno de París. Su idea era ocupar aquel puesto un tiempo y luego pasar al turno de día, como un primo suyo que había emigrado años atrás y ahora era recepcionista. Pero a Max nunca lo cambiaron de turno, así que su mujer terminó echándole en cara el haberla empujado a marcharse en busca de una oportunidad que no llegó, y por ese y otros motivos regresó sola a Argelia.
Cada
mañana cuando salía de trabajar, Max coincidía con Hakim, otro argelino que
acababa de firmar su contrato de recepcionista. Después de estudiar hostelería,
Hakim había hecho prácticas en varios hoteles de la misma cadena en provincias
y luego se había trasladado a París. Los jefes de brigada tenían un itinerario
similar y le aseguraban que pronto ocuparía el mismo puesto, lo que sucedió al
cabo de pocos meses. Hakim dejó de tomar café con Max a primera hora de la
mañana. Antes de que éste se fuera, le reprochaba que no realizara con más
rapidez las ocasionales salidas y que no esperara en la recepción hasta que se
hubiera presentado todo el equipo de día. Los recepcionistas solían parar un
momento en la cantina después de ponerse el uniforme, mientras los porteros de
noche, cuya formación era mínima e insuficiente, se ocupaban de las primeras
salidas a pesar de haber terminado ya su turno. Max siguió yéndose a la hora
fijada y Hakim lo amenazó con informar a la dirección, aunque Max no supo si
llegó a hacerlo. Entre tanto, a lo largo de la semana se acumulaban en las bandejas
tareas correspondientes a los jefes de brigada, hasta que la jefe de recepción
decidió encomendárselas a los porteros de noche.
Hakim
trabajó en París algo más de un año. Luego presentó su dimisión y anunció que
se marchaba a Canadá porque lo iban a contratar en el servicio de reservas de
un hotel de Quebec. Durante el mes de preaviso puso en
alquiler el estudio donde vivía, situado a un paso de la place de Clichy. Para
entonces, Max estaba cansado del día a día en La Courneuve. La policía solía
pedirle la documentación cuando bajaba del tren. El portal de su edificio había
sido destrozado en numerosas ocasiones. Los vecinos se peleaban entre ellos y
se insultaban de una ventana a otra. Su primo vivía en la rue de Clichy y
trabajaba en un pequeño hotel de Montmartre, y la mayor parte de sus conocidos
frecuentaban los barrios cercanos de Pigalle y Barbès. Max contactó con Hakim,
visitó el estudio y decidió alquilarlo. Cada mensualidad equivalía a una parte
importante de su sueldo, pero Hakim le había hecho un precio de amigo, y en
realidad no era demasiado dinero por vivir dentro de París y en una zona
céntrica. Hakim cogería el avión un martes por la mañana, así que le propuso a
Max encontrarse la tarde anterior cerca del hotel, antes de que éste entrara a
trabajar, para darle las llaves y recibir en metálico la caución y la primera
mensualidad.
El
lunes, Max esperó en un café de la rue des Pyramides con el dinero guardado en
un sobre dentro del bolsillo interior de la cazadora. Pero Hakim no acudió a la
cita ni cogió el teléfono, y al cabo de un rato Max echó a andar hacia el hotel
porque se acercaba la hora de empezar su turno. Acababa de llegar cuando
recibió una llamada de Hakim. Éste le explicó que no iban a poder verse porque
el metro en el que venía estaba bloqueado dentro de un túnel a causa de un
accidente. Max le sugirió que pasara luego por el hotel pero Hakim le dijo que
ya no tenía tiempo, aunque le prometió llamarlo más tarde. Sin embargo, Hakim
no lo llamó y tampoco respondió cuando Max marcó su número desde la recepción.
La
mañana siguiente, Max salió de trabajar, cogió el metro y fue hasta la place de
Clichy con la esperanza de encontrar a Hakim en el estudio. Tenía apuntado en
un trozo de papel el código de acceso al edificio; subió a la tercera planta y
llamó a la puerta varias veces, y al no obtener respuesta volvió a la calle y
se sentó en una terraza para esperar hasta que Hakim apareciera. Al cabo de
media hora, vio salir a Sylvain, un vecino que vivía en un piso alquilado de la
misma planta. Sylvain caminó hacia la boca del metro y Max se levantó vaciando
el contenido del vaso sobre sus pantalones, pagó la consumición y echó a correr
tras él. Lo alcanzó cuando bajaba las escaleras y le preguntó si había visto a
Hakim.
–¿Hakim?
–dijo Sylvain. Parecía sorprendido–. Ayer por la noche lo vi salir a toda prisa
cargado con maletas.
Ahora
el sorprendido era Max.
–Pero
si me dijo que se iba hoy –murmuró. Sylvain se encogió de hombros.
–¿Y
qué va a hacer con su estudio? –preguntó Max.
–¿Su
estudio? –sonrió Sylvain–. ¿Qué estudio?
Max
no supo responder.
–Jodido
Hakim... –siguió Sylvain–. Tenemos el mismo propietario. El viejo llevaba seis
meses intentando echarlo porque no le pagaba el alquiler.

11 comentarios:
Como siempre un relato estupendo al que dan ganas de filmar.
Muy bueno, Antonio. Cautivador y rítmico desde el principio hasta el final.Me ha gustado mucho.
Me gusta volver sin avisar, y entrar a leer cosas tan espudendas como las que publicas.
Un abrazo, Antonio
Hola Antonio. Veo que lo has reescrito. Me gusta el estilo y cómo se van desgranando los acontecimientos. Al final uno se pregunta qué es lo que refrenó a Hakim, por qué no timó a Max y a dónde fue. Creo recordar que la primera versión era un poco más larga. Me gusta ese "lumpen" que describes del mundo de los hoteles.Es un submundo que los clientes no se atreven ni a imaginar. Los porteros de noche y las camareras de piso son sin duda alguna un filón de buenas historias. Un abrazo
Pobre Hakim. De la vida real.
Antonio que pases una Feliz Navidad y Feliz 2013.
Un abrazo.
David
Os agadezco vuestros comentarios.
Emma, efectivamente es una nueva versión; el cuento original me parecía que narraba demasiadas cosas al mismo tiempo y se hacía un poco confuso. Al final, Hakim no consiguió timar a Max porque no llegó a tiempo a causa del problema en el metro. Y como esa la noche le salía el avión, ya no pudo ponerse en contacto con él. Menudo elemento, el Hakim.
Os deseo unas felices Navidades.
Ya me parece reiterativo insistir en que eres un guinista de cine.
También te deseo unas felices fiestas, (moviditas, tranquilas, familiares o como te guste) y un año 2013 estupendo para tí - aunque en términos generales nada apunta a que vaya a ser así en España.
Gracias, Grillo, te deseo lo mismo.
Veo que has puesto un texto nuevo sobre Chaplin; aquí no tengo impresora, pero cuando vuelva copio, pego, imprimo y leo.
Entonces, Antonio, deduzco de tu último comentario que estás en casa para pasar las fiestas con la familia. Recibe mis mejores deseos de felicidad para el año que viene. Joyeux Noël.
C.C.
Muchas gracias, C.C., te deseo lo mismo.
(Precisamente ayer cenamos y hoy comimos en la casa embrujada.)
¡Estupendo! Aunque no leí el original éste me ha gustado mucho :) Cuestiones de la vida.
Un abrazo.
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